La inteligencia artificial (IA) está entrando en una nueva etapa. Después de incorporarse al trabajo para ayudar a crear, analizar y resumir información, comienza a asumir tareas y participar de manera más activa en procesos. Este cambio plantea un desafío para las organizaciones: pasar de utilizar IA en actividades aisladas a rediseñar cómo se distribuye el trabajo entre personas, agentes, datos y sistemas.
Esta es una de las principales ideas que Microsoft propuso en ANDICOM 2026, cuyo lema, Unleashing the Power of AI, puso el foco en cómo aprovechar y escalar el potencial de esta tecnología. Para la compañía, la próxima fase de adopción estará marcada por la capacidad de las organizaciones para transformar procesos, roles y decisiones alrededor de una inteligencia cada vez más disponible.
Las señales de este cambio ya son visibles entre los trabajadores colombianos. De acuerdo con el Microsoft Work Trend Index 2026, el 63% de los usuarios de IA en el país afirma que actualmente realiza trabajos que no habría podido hacer un año atrás. Sin embargo, esa expansión de capacidades convive con una tensión: el 70% teme quedarse atrás si no adopta la tecnología rápidamente, mientras que el 46% considera más seguro concentrarse en los objetivos actuales de su empresa que rediseñar su manera de trabajar.
“La próxima frontera de la inteligencia artificial es la colaboración entre personas y agentes. Cuando la creatividad, el juicio y la experiencia humana se combinan con agentes capaces de actuar sobre datos y procesos, se crean nuevas oportunidades para innovar, acelerar la toma de decisiones y ampliar lo que las organizaciones pueden lograr. Las empresas que liderarán esta transformación serán aquellas que conecten personas, agentes y datos de forma responsable, convirtiendo el potencial de la IA en una ventaja competitiva real”, afirmó Marc Reguera, Worldwide General Manager Customer Engagement para Microsoft Fabric.
En esta visión, la Empresa Frontera representa un modelo organizacional en el que la IA se integra de manera más profunda a la operación, con inteligencia disponible bajo demanda y equipos formados por personas y agentes. Su lógica es la de organizaciones operadas con IA y lideradas por personas, donde la tecnología amplía la capacidad de analizar y ejecutar, mientras las personas mantienen la dirección, el criterio y la responsabilidad.
Este modelo también modifica la relación cotidiana de las personas con la tecnología. Dependiendo de la tarea, un trabajador puede actuar como autor, utilizando la IA como apoyo; como editor, revisando una propuesta generada por ella; como director, definiendo un objetivo para que un agente lo ejecute; o como orquestador, coordinando un flujo en el que intervienen distintos agentes. La clave está en determinar deliberadamente qué papel debe desempeñar cada parte.
Convertir la ambición de la IA en una ventaja empresarial medible
Llevar este modelo a escala exige una base tecnológica capaz de combinar dos elementos inseparables: datos confiables y contexto de negocio. Los datos proporcionan una base segura, actualizada y gobernada sobre la cual puede operar la IA; el contexto les da significado al incorporar las métricas, relaciones, reglas y procesos propios de cada organización. Ambos son necesarios para que la IA pueda operar de manera útil y confiable a escala.
Sobre esta base, Microsoft IQ articula las distintas dimensiones del contexto que necesita la IA para comprender y actuar dentro de una organización. Work IQ aporta conocimiento sobre cómo trabajan las personas; Fabric IQ, sobre cómo opera el negocio; y Foundry IQ, sobre el conocimiento que utilizan los agentes. A esto se suma Agent 365, que incorpora capacidades de observabilidad, administración y gobierno de agentes. En conjunto, esta arquitectura reúne personas, datos y agentes bajo un contexto compartido y gobernado para integrar la IA de manera más profunda a la operación.
Esta evolución también está ampliando quién puede construir tecnología dentro de una empresa. Con agentes capaces de traducir una intención de negocio en código funcional, la frontera entre el trabajador de información y el desarrollador comienza a hacerse más flexible. Un usuario puede iniciar una aplicación y un desarrollador profesional continuar posteriormente sobre la misma base tecnológica. El resultado es una nueva distribución de capacidades.
Liberar el verdadero potencial de la IA requiere conectar personas, agentes, datos, contexto y gobierno alrededor de resultados concretos. El propósito para las organizaciones debe ser integrar la IA de manera deliberada para ampliar capacidades, enriquecer la experiencia de empleados y clientes, rediseñar procesos de negocio y acelerar la innovación. El siguiente salto de la IA no ocurrirá únicamente en las herramientas que utilizan las personas, sino en la capacidad de las organizaciones para transformar la manera en que trabajan, deciden y crean valor.

