Obtener un título universitario ya no significa terminar la etapa de formación. La velocidad con la que evolucionan la tecnología, los modelos de negocio y las profesiones está obligando a los trabajadores a actualizar sus conocimientos durante toda su trayectoria laboral. En este escenario, el reskilling y el upskilling se consolidan como herramientas para mantenerse vigentes en un mercado cada vez más atravesado por la inteligencia artificial y la automatización.
“El upskilling consiste en mejorar las competencias que ya tienes para seguir creciendo dentro de tu profesión. El reskilling implica aprender algo nuevo para desempeñar una función diferente o incluso cambiar de sector”, explica Sara Torre, directora del Centro IMPULSA de la Universidad Europea. La especialista señala que las carreras profesionales son cada vez menos lineales y que una misma persona probablemente desempeñará distintos roles a lo largo de su vida laboral.
El cambio no afecta únicamente a las competencias técnicas. Aunque conocimientos relacionados con inteligencia artificial, automatización o análisis de datos han ganado protagonismo, las empresas también valoran habilidades humanas como el pensamiento crítico, la comunicación y la capacidad de desenvolverse en entornos cambiantes.
PROFESIONALES QUE SEPAN TRABAJAR CON LA IA
Para Torre, el avance de la inteligencia artificial está acelerando todavía más la necesidad de actualización profesional. Sin embargo, considera un error plantear esta tecnología exclusivamente como una amenaza para el empleo. “Las empresas no están buscando profesionales que compitan con la inteligencia artificial. Están buscando profesionales que sepan trabajar con ella”, afirma. El desafío pasa de aprender simplemente a utilizar nuevas herramientas a saber integrarlas en el trabajo para generar mayor valor.
Entre las capacidades que serán especialmente relevantes para los próximos años, la experta destaca aprender a aprender, pensamiento crítico y análisis, competencias digitales e inteligencia artificial, adaptabilidad, resiliencia, comunicación efectiva, trabajo en equipo e inteligencia emocional.
Este escenario también plantea un reto para las universidades. Además de transmitir conocimientos, deberán preparar a los estudiantes para adaptarse a profesiones y cambios que todavía no pueden anticiparse, fortaleciendo el aprendizaje autónomo y acercando la formación a experiencias reales con empresas.
EL MAYOR RIESGO PUEDE SER NO ACTUALIZARSE
Uno de los principales obstáculos para seguir formándose es el tiempo. A ello se suma la dificultad de identificar qué conocimientos tendrán realmente valor profesional en el futuro. Por esta razón, Torre considera necesario avanzar hacia modelos de formación flexibles, accesibles y conectados con las necesidades reales del mercado laboral.
En este contexto, el reskilling puede desempeñar un papel especialmente relevante para evitar que determinados perfiles queden desplazados por la automatización. “Me preocupa más el riesgo de no actualizarse que el avance de la propia tecnología”, sostiene Torre, quien plantea que la actualización de competencias debe entenderse como una estrategia permanente y no como una reacción puntual ante una transformación tecnológica.
Para la experta, el concepto mismo de empleabilidad está cambiando: ya no se limita a conseguir un puesto de trabajo, sino a conservar la capacidad de aportar valor a medida que cambia el entorno profesional. “El aprendizaje continuo ya no es opcional; es parte de nuestra forma de trabajar y de crecer”, concluye.

