El sector financiero —que incluye banca, aseguradoras y fintech— se consolidó en 2025 como uno de los principales objetivos de ciberataques a nivel global. Tanto actores con motivaciones económicas como geopolíticas intensificaron sus ofensivas, al punto que el Banco de Inglaterra advirtió públicamente que las ciberamenazas representan hoy el mayor riesgo para la estabilidad del sistema financiero internacional.
La evidencia muestra un ecosistema de amenazas cada vez más sofisticado y automatizado, con tres tendencias dominantes:
- Fraude masivo potenciado por inteligencia artificial.
- Uso sistemático de ransomware contra aseguradoras.
- Campañas DDoS de corte hacktivista dirigidas especialmente contra bancos europeos.
Estas dinámicas no solo afectan la operación diaria de las instituciones, sino que generan impactos directos en la confianza pública y en la estabilidad del sistema financiero. Entre las principales repercusiones se destacan:
- Salida de depósitos y migración de pólizas: brechas de seguridad como robo de datos o phishing erosionan la confianza de clientes, provocando retiros masivos y cancelaciones de pólizas.
- Volatilidad en los mercados: ataques a sistemas de trading pueden manipular precios de acciones y bonos, alterar algoritmos automáticos y generar pérdidas significativas.
- Restricciones de financiamiento: instituciones comprometidas enfrentan mayores costos de crédito y menor acceso a capital, afectando su expansión y operaciones estratégicas.
- Disrupción en pagos: fallos en la infraestructura de transacciones generan frustración, pérdidas económicas y riesgo de fraude masivo.
- Interrupción de asistencia digital: la caída de portales, apps y chatbots obliga a saturar canales tradicionales, reduciendo satisfacción y fidelidad del cliente.
- Lucro cesante: la imposibilidad de contratar nuevos productos o pólizas afecta ingresos y competitividad.
- Sanciones regulatorias: incumplimientos en normativas de ciberseguridad derivan en multas, auditorías y daño reputacional.
En este contexto, Enrique Fenollosa, LATAM General Manager de S2GRUPO, señaló: “La resiliencia digital ya no es una opción, sino una condición indispensable para garantizar la confianza de los clientes y la estabilidad del sistema financiero. Las entidades que no inviertan en seguridad estarán expuestas a un riesgo que trasciende lo tecnológico y afecta directamente su sostenibilidad”.
El panorama confirma que la resiliencia digital es hoy un requisito estratégico para la banca y los seguros. La capacidad de anticipar, contener y recuperarse de incidentes será determinante para preservar la confianza de los clientes y la estabilidad del sistema financiero en su conjunto.

