El uso cada vez más extendido de herramientas de inteligencia artificial entre el alumnado está llevando a docentes e instituciones educativas a replantearse el papel de las tareas tradicionales y su capacidad para reflejar el aprendizaje real de los estudiantes.
De acuerdo con los datos globales de College Board, cerca del 80% del alumnado emplea herramientas de inteligencia artificial generativa para producir textos, estructurar ideas y buscar referencias. En cualquier caso, esta tecnología ya forma parte del ecosistema educativo actual.
Ante esta realidad, el debate ya no se centra únicamente en si debe prohibirse la IA, sino en cómo integrarla pedagógicamente de manera responsable y eficaz. Para expertos como Francisco Recio Muñoz, docente e investigador de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Internacional de Valencia – VIU perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, la prohibición no parece una solución sostenible a largo plazo. Su recomendación es transitar hacia un modelo que premie el desarrollo cognitivo por encima de la simple acumulación de contenidos.
“Ha habido una transformación de las tareas para la casa, concebidas como ‘productos finales’ que han pasado a ser procesos interactivos que el alumnado co-crea”, explica. “Es por ello que el profesorado ha tenido (o debería) que pasar de concebir las tareas escolares como ‘transacciones’ centradas en el producto final a un proceso en el que tiene mayor importancia la reflexión que se genera, las iteraciones y la mediación cognitiva durante el desarrollo de la actividad”.
Cambiar hacia nuevos modelos responde a que es evidente que las investigaciones escritas y los ensayos tradicionales, sin un rediseño profundo, van perdiendo su capacidad diagnóstica debido a la dificultad de verificar de manera fiable la autoría real de un documento. Además, según advierte el experto de VIU, evaluar solo un trabajo por el producto final entregado fomenta una “ilusión de fluidez”, que encapsula las brechas de comprensión que un estudiante pueda tener.
En lugar de evaluar únicamente el entregable final, el nuevo paradigma educativo sugiere potenciar potenciar la denominada Critical AI Literacy o alfabetización crítica en inteligencia artificial, una competencia que permite identificar sesgos, detectar errores y contrastar la información generada por estas herramientas.
Para contrarrestar esta problemática también se recomienda implementar estrategias innovadoras como la entrega de borradores progresivos, los espacios de debate presencial y las defensas orales, metodologías que permiten constatar las habilidades argumentativas de forma directa. Asimismo, es clave que las instituciones aborden la alfabetización digital bajo un enfoque humanista, donde la formación ética actúe como una infraestructura cívica clave frente al plagio y la desinformación.
“El propio sistema educativo no debe centrarse únicamente en las capacidades técnicas y productivas de una herramienta, sino que también debe formar a la ciudadanía desde un enfoque humanista que genere valor sobre los derechos de autor, la privacidad, el tratamiento de los sesgos y los datos; asegurando un uso de la inteligencia artificial responsable, equitativa y reflexiva”, concluye el docente de VIU.

