Por: Adriana Franco, Country Manager GE HealthCare en Colombia.
En los últimos años, las enfermedades cardiovasculares han representado uno de los mayores desafíos para la salud global. Muchos de estos padecimientos pueden avanzar de manera silenciosa, sin señales evidentes, hasta que ocurre un evento que cambia la vida del paciente y su entorno. Esta característica refuerza la importancia de identificar oportunamente los factores de riesgo y mantener una atención preventiva.
La magnitud del desafío se refleja en las cifras. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 las enfermedades cardiovasculares causaron aproximadamente 19.8 millones de muertes, equivalentes a cerca del 32% de los fallecimientos a nivel mundial. De ese total, el 85% estuvo relacionado con infartos y accidentes cerebrovasculares.
En América Latina, el panorama mantiene la misma tendencia. Datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indican que las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en las Américas, con más de 2.2 millones de fallecimientos cada año. La hipertensión, señala la OPS, sigue siendo el principal factor de riesgo modificable, con brechas en su diagnóstico, tratamiento y control, esto, a su vez, refuerza la urgencia de fortalecer modelos de atención basados en la prevención primaria.
En Colombia, esta realidad también se refleja en las cifras de mortalidad. Los datos más recientes del Ministerio de Salud y Protección Social confirman que, las enfermedades isquémicas del corazón son la principal causa de muerte en el país, con 46,063 defunciones registradas a lo largo de 2025, con una tasa de 88,22 por 100.000 habitantes.
Gran parte de esta carga puede prevenirse mediante la atención de factores de riesgo conductuales y ambientales como el tabaquismo, la alimentación poco saludable, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol y la contaminación del aire. Sin embargo, la prevención también depende de nuestra capacidad para identificar señales de riesgo antes de que aparezcan complicaciones.
Esto plantea una pregunta central: ¿cómo podemos detectar estos padecimientos con mayor oportunidad y actuar antes de que se conviertan en una emergencia? La respuesta pasa por fortalecer una atención más preventiva, capaz de identificar riesgos, acompañar al paciente y tomar decisiones oportunas.
En ese proceso, la tecnología médica juega un papel cada vez más relevante. Herramientas de diagnóstico por imagen, monitoreo cardiovascular y análisis de datos apoyados por Inteligencia Artificial (IA) permiten identificar señales como arritmias, obstrucciones arteriales o alteraciones en la función cardiaca y ofrecer al personal de salud información útil para actuar con mayor oportunidad.
En GE HealthCare trabajamos en soluciones de ecocardiografía, ultrasonido portátil y resonancia magnética apoyadas en IA, orientadas a mejorar la calidad de la información clínica y facilitar interpretaciones más precisas y oportunas. Estas herramientas buscan apoyar a los profesionales de la salud en la identificación de riesgos y en la toma de decisiones a lo largo del proceso de atención cardiovascular.
En el Día Mundial del Corazón, vale la pena recordar que la prevención cardiovascular requiere un esfuerzo compartido entre sistemas de salud, profesionales, pacientes e industria de tecnología médica. Fortalecer la atención primaria, ampliar el acceso al diagnóstico y aprovechar las herramientas disponibles puede ayudar a identificar riesgos con mayor oportunidad y mejorar los resultados en salud.
Invertir en innovación y diagnóstico temprano también significa invertir en tiempo: para actuar, tratar y evitar complicaciones. Cada diagnóstico oportuno puede derivar en una persona que puede continuar con sus planes, una familia que puede evitar una pérdida y una historia que todavía tiene mucho por escribir.

